El Festival volvió a brillar el pasado viernes, esta vez con la chispa de la música afroamericana. El Esclat Gospel Choir, un coro catalán (para cantar gospel no es necesario ser negro, así comenzó a hablar el director), estuvo a la altura, con una interpretación sublime de algunos de los negros espirituales más clásicos. Su espectáculo combinó los cantos más animados, como el conocido "Soon I will be done", o "John the revelator", con otros más intimistas y lentos, como las baladas "Just for me" o "You've got a friend", donde quedaron patentes las buenas voces con las que cuenta esta formación y su capacidad de cambiar con rapidez del canto grupal empastado al registro solista. Un coro, por lo tanto, muy versátil, capaz de sobrecoger con su potencia en los fuertes, pero también de llegar adentro en los momentos más sutiles, sin perder por ello ni un ápice de calidad vocal.
Pero la otra gran baza que jugaron, junto con cantar bien, fue un movimiento de escena muy fresco y un contacto e interacción constante con el público que llenó la iglesia Parroquial de Benabarre, en la que nadie tuvo ni un segundo para aburrirse. Gran trabajo del director, Ramón Escalé, quien con su buen trabajo musical y su interés por que un coro sea algo más que un grupo de gente cantando inmóvil, supo llevar adelante un espectáculo dinámico y divertido.
Un estilo que despierta el interés del público y que le hace cantar, una puesta en escena entre lo clásico y lo popular, el Festival continúa en su ruta de músicas fronterizas, con la confianza en que la acogida del público sea tan buena como en este día.