Llega otra vez el verano, y el Festival de la Ribagorza abre sus puertas como desde hace ya catorce años. Tenemos la costumbre de esperar a los números redondos para celebrar aniversarios, pero seamos conscientes de que cada una de las ediciones del festival ha supuesto una celebración, y todo ello gracias a un esfuerzo notable por parte de ayuntamientos, diferentes administraciones y personas implicadas en general a las que desde aquí agradecemos su apoyo.
Celebramos una vez más, pues, el hecho de poder presentar al público una nueva edición, que consta de veinte conciertos, de estilos muy variados y que sigue en la línea de explorar la frontera de lo clásico, tanto en su significado estilístico, como en el geográfico, o también indagando en las fronteras del tiempo. Una exploración interesante y variada, que nos llevará a mundos sonoros sugerentes, evocativos y, a veces, por descubrir. Todo ello, y como siempre, de mano de intérpretes aragoneses, nacionales y extranjeros de altísimo nivel preocupados por transmitir sensaciones, despertar emociones y entregarse al máximo en sus interpretaciones.
Un notable investigador de la música llamado John Blacking llegó hace años a una definición que ha convencido bastante a todos: la música es “sonido humanamente organizado”. Eso significa que la música es un arte social, que está hecha por personas para personas, y que de nada servirían todos estos planteamientos si no estuvieran puestos en el punto de mira de un público fiel y respetuoso que, cada vez más entusiasta, acude y disfruta de los conciertos programados. Confiando una vez más en que la programación sea bien acogida, y agradeciendo de antemano el respeto a los lugares y a los artistas, la dirección artística del festival les desea un feliz verano.